FÚTBOL: FILOSOSOFÍA DE VIDA
  PEDAGOGÍA DEPORTIVA 2
 

 4 - JUGAR Y DISFRUTAR DEL JUEGO

no sólo no es incompatible con la alta competición, sino que es una condición necesaria para conseguir el máximo rendimiento, es decir, para lo que llamamos fluir en el deporte. La capacidad de entrar en el estado de flujo representa el grado superior de control de las emociones al servicio del rendimiento y el aprendizaje.

Se llama fluencia a una experiencia armoniosa donde mente y cuerpo trabajan en sintonía plena: saber hacer, querer hacer y poder hacer. Los dos sistemas del cerebro –emocional y racional– cooperan, y en ese estado, los pensamientos, decisiones y gestos fluyen de manera natural.

Los mejores atletas se crecen en tales situaciones: saben lo que deben hacer y creen que pueden triunfar. Cuando hablan de sus experiencias de fluencia mencionan dos características clave: que estas ocasiones especiales aportan disfrute y son óptimas. Se conoce también como experiencia óptima o jugar en la zona.

El equilibrio entre las exigencias del entrenador y las habilidades de los deportistas es la regla de oro para conseguir la experiencia óptima de fluencia y máximo rendimiento en el deporte.

Un reto atractivo alimenta la motivación de los deportistas. No puede ser tan repetitivo que resulte aburrido, ni tampoco tan desproporcionado que esté fuera del alcance de los jugadores y genere más frustración.

Howard Gardner, autor de la Teoría de las inteligencias múltiples, ha estudiado los talentos más sobresalientes en distintas profesiones. Son gente muy diferente, pero tienen una cosa en común: además de una indudable destreza en su oficio, todos aman profundamente lo que hacen. Gardner cuenta que no les mueve la fama, el éxito o el afán de riqueza, sino la oportunidad de disfrutar haciendo lo que más les gusta.

 5 - SI LES DAS CONFIANZA, VAN A MÁS

Menotti cuenta que sólo aprendió de sus entrenadores lo que no tenía que hacer. A diferencia de aquellos que centran la atención en los defectos, los mejores entrenadores tienden a ver lo mejor que puede dar de sí cada uno. Y lo que es aún más importante, aciertan a convencerles para que lo consigan.

Los refuerzos constantes –positivos o negativos– dirigen la atención del deportista, actuando a modo de profecía autocumplida: las personas a las que se refuerza un comportamiento tienden a repetirlo….

Cuando se les da todo hecho –con gritos o mimos, para el caso tanto da– llegan a depender tanto del entrenador que no están a lo que tienen que estar. Hay que confiar más en ellos: así serán más decididos y aprenderán a pensar por sí mismos, tomando rápidamente las mejores decisiones.

En los partidos es frecuente oír a los entrenadores cómo exigen a sus jugadores presión sobre el adversario para recuperar el balón: no le dejes pensar. Sin embargo, en los entrenamientos, incluso en los partidos, en lugar de estimular la inteligencia y participación activa de sus jugadores, los mismos entrenadores les impiden también pensar. Les atan tan en corto y hacen a los jugadores tan dependientes de sus indicaciones, que les cuesta conectar con sus compañeros de equipo y entrar en juego con la rapidez debida.

En lugar de darles todo hecho y en lugar de que el entrenador se sienta en la obligación de demostrar cuanto sabe de todo, conviene más suscitar su curiosidad y preguntarles para que piensen por sí mismos y aprendan mejor.

 6 - ORIENTACIÓN A LA TAREA, NO AL RESULTADO

Ganar en las etapas de formación es mejorar individual y colectivamente, practicando un juego y un ejercicio saludable que además les gusta. Todos quieren ganar, y a nadie gusta perder, por eso, en lugar de insistir tanto en ganar como sea, hay que explicarles cómo hacerlo. De esta manera estarán más centrados y mentalizados, en lugar de andar obsesionados con el marcador y sin saber cómo conseguir la victoria.

Es evidente que los objetivos que tienen como resultado ganar o conseguir un ascenso en la clasificación saltan a la vista, y son por sí mismos suficientemente motivadores.

Por eso merece la pena insistir más en aquellos objetivos de resultado que persiguen la superación personal y del grupo. De esta manera ven claro que ganar depende de ellos y no de lo que hagan los demás.

Para que todos progresen a su manera, el entrenador ofrecerá a cada uno metas claras y estimulantes que estén a su alcance. Para que sientan que mejoran, y sepan lo que hacen, es fundamental evaluar no sólo los resultados, también la realización, premiando el esfuerzo y los pequeños logros. De esta manera, el jugador centrará su atención en lo que tiene que hacer, en lo que está en su mano, en lugar de distraerse o atascarse por temor a factores externos o ambientales.

Hoy por hoy, la confusión está clarísima: se crea un sistema de categorías inferiores como diversión y preparación, de manera que alcancen la mayoría de edad en las mejores condiciones, pero la vanidad de los adultos, y la presión de los compromisos más inmediatos creados en torno a estas competiciones menores desvían la atención de los intereses realmente en juego.

 7 - DEPORTIVIDAD Y FORMACIÓN EN VALORES

Todos los entrenadores forman en valores, pero la mayoría  no se dan cuenta de ello, de su importancia, ni de los valores que transmiten. Me refiero a esa formación invisible que se lleva a cabo a través de mensajes verbales y no verbales, o cuando favorecen determinados comportamientos y actitudes.

Una formación digna de tal nombre, debe poner en juego lo mejor del deportista. El fútbol puede proporcionar a los jugadores experiencias de compañerismo y comportamientos deportivos que les ayuden a ser mejores personas. Aprender a respetar las reglas y tomar decisiones basadas en el juego limpio contribuye a modelar un comportamiento leal y generoso.

El mensaje del entrenador puede desarrollar valores personales como la autoestima y fomentar relaciones de cooperación con los demás. Pero también puede suceder lo contrario, cuando se anula la voluntad del deportista, se pone el deporte por delante de la persona, se fomenta el juego sucio, o se perjudica su relación con los demás.

 8 - A JUGAR AL FUTBOL SE APRENDE JUGANDO AL FUTBOL

El objetivo de cada sesión de entrenamiento debería ser que cada jugador termine con la sensación de haberlo pasado bien y no haber perdido el tiempo. Aprenden lo que hacen, por eso conviene entrenar más parecido a cómo quiere que jueguen.

Aquí se apuesta claramente por un entrenamiento integral: los juegos simplificados que recrean diferentes situaciones del juego, con alguna modificación, en función del aspecto que desea reforzar el entrenador -–por ejemplo, reducir el número de toques favorece el juego más rápido etc.–

De esta manera, les resultará más fácil jugar como entrenan. Por desgracia, en muchos deportes de equipo –desde la iniciación misma– los jugadores se limitan a repetir de forma disciplinada gestos técnicos y ejercicios separados del juego. El mensaje que retienen los deportistas es preocupante: Lo que los alumnos aprenden en la escuela es a estar sentados, advertía  el bueno de Kant hace de esto ya muchos años.

 
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